La banalidad y los micro mundos.

Facundo Ponce de León es Doctor en Filosofía y Licenciado en Comunicación. Docente universitario, periodista, y dueño, en sociedad con su hermano Juan, de la productora Mueca Films. Invitado por la Red de Inversores Ángeles, habló de filosofía en Piso 40.

Comenzó la charla refiriéndose a lo que llamó los “micro mundos”. En el micro mundo de Piso 40 y de los Inversores Ángeles se habla de las startups, las inversiones, los negocios, la innovación y toda una serie de cuestiones conexas. En el micro mundo académico se habla de Hegel, Marx, Nietzsche o Freud. Recordó que para la filósofa alemana Hannah Arendt, ser capaz de salirse del micro mundo donde cada uno se mueve, y pasearse por otros, es una de las claves para no caer en la banalidad. Para no perder la capacidad de juicio y de discernimiento hay que escapar de ese micro mundo donde uno vive. “Y ese micro mundo también puede ser este, el de los innovadores” advirtió Ponce de León.

Contó que hace 2700 años en Grecia, los primeros filósofos comenzaron por tratar de explicar el cosmos. Hasta que más tarde Sócrates propuso que más que explicar el cosmos había que explicar qué es el ser humano. Si se logra explicar qué es el ser humano se podrá entender qué es la vida. “De eso se trata”, sostuvo Ponce de León. “Esa es la pegunta matriz. ¿De qué va esto? Estamos atrás de esa pregunta”. Y la primera respuesta que encontraron los filósofos occidentales fue que los que nos hace humanos es la vida contemplativa. Y contemplar es, básicamente, no hacer nada. Para aquellos filósofos solo los que pueden dedicarse a contemplar el mundo, a maravillarse con su funcionamiento, son los que podrán acceder al verdadero entendimiento acerca de qué es la vida.

Pero con la Revolución Industrial apareció una visión alternativa que cuestionó la primera respuesta de los filósofos. “Los filósofos sólo han interpretado el mundo de distintos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo“. Esta frase puede leerse grabada sobre la lápida de Karl Marx, en el cementerio de Highgate en Londres. Esta nueva respuesta habla de pasar a la acción. Es necesario hacer. La palabra negocio quiere decir exactamente eso. Es negar el ocio que es el ámbito por excelencia de la contemplación. Y entonces los seres humanos nos pusimos a hacer cosas. “Y entre las cosas que hicimos están el holocausto y la bomba atómica”, recordó Ponce de  León. Por tanto, haberse lanzado con ese frenesí a la acción, parece no haber sido tampoco la mejor de las respuestas.

Ninguna de las dos respuestas funciona del todo bien por sí sola. La acción pura, sin la necesaria reflexión que la encauce, sin los límites del juicio y el discernimiento, difícilmente produce buenos resultados. Y a la inversa, la contemplación a tiempo completo es absolutamente inviable. “Hoy no sabemos muy bien como pararnos frente a estas dos cosas”, sostuvo Ponce de León. Sin embargo dio algunas pistas. En primer lugar habló de la necesidad de que entremos  en la dimensión temporal de la existencia. Eso equivale a encontrar mecanismos para escaparse de la automatización que la agenda y nuestras actividades diarias nos imponen. “Si no encontramos esos mecanismos de salida nos convertimos en autómatas, en una peor versión de nosotros mismos”, sostuvo.  “Tenemos que entrar en la dimensión temporal de la vida, que es donde las cosas adquieren realmente sentido. Nada tiene sentido si no posee una dimensión hacia atrás en el tiempo. Por eso todo gran innovador es también un gran tradicionalista. No se puede innovar si no se sabe de dónde se viene. Los tipos que cambiaron las cosas tenían un gran respeto por la tradición. Einstein conocía la física de Newton al dedillo. Nietzsche se sabía los griegos de memoria. Piazzolla revolucionó el tango, pero del tango más tradicional no se le escapaba nada. Gaudí hacía planos de arquitectura clásica antes de cambiar toda la arquitectura. Los grandes innovadores beben de la tradición, se nutren de ella”.

Advirtió, sin embargo, que cuando se mira hacia atrás existe el peligro de caer en la nostalgia, en el pensamiento de que todo tiempo pasado fue mejor. En lugar de la nostalgia, valoró positivamente al melancólico, que no piensa que todo tiempo pasado fue mejor sino que mira al pasado buscando puntos de referencia donde pararse. La melancolía sirve para ir a la raíz de las cosas, ayuda a centrarse. De lo contrario somos puro presente, somos banales. “Es la banalidad del mal que Hannah Arendt encontró en el nazi Adolf Eichmann, responsable directo de la solución final”. En palabras de la propia Arendt, “podemos decir que Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que hacía. Eichmann no era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión —que en modo alguno podemos equiparar a la estupidez— fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo”.

Se refirió también a los conceptos de autoridad y poder, que son, dijo, términos antagónicos. Mientras que el poder acontece en el espacio, la autoridad está en el tiempo, en la dimensión del sentido. “Para los romanos los hechos de autoridad aumentan lo que está contenido en una fundación que ocurrió antes, e innovan siempre y cuando conectan con esa fundación previa”. Por eso, concluyó, la autoridad, como la confianza o la honestidad, no puede ser nunca un objetivo en sí mismo. La autoridad es un subproducto. Sucede mientras uno hace otras cosas.

Sobre el final de la charla, y al ser consultado sobre un concepto que está de moda, la zona de confort y como esta se relaciona con la innovación y la necesidad de tomar riesgos, Ponce de León vinculó la zona de confort con la idea burguesa de la seguridad. Tener un empleo seguro, una vida segura, contratar un seguro para el auto, la casa e incluso la vida misma. Pero, recordó que Nietzsche siempre dijo que esto era una barbaridad, simplemente una ilusión, porque la vida es insegura por naturaleza. Y salir de la zona de confort es volver a conectar con una forma más antigua pero a la vez menos ficticia de entender la vida, en la que el azar y todo aquello que uno no puede controlar esta mucho más presente. “Salir de la zona de confort, también es salir de las chacras mentales”, concluyó. “Vivimos en un mundo muy autorreferente. Los medios hablan de los medios; los políticos de los políticos; los empresarios de otros empresarios. Y entonces salir de la zona de confort es romper con esa autorreferencia”.