Marcel Granier en Piso 40

El 23 de octubre, en el marco de su visita a Uruguay, el presidente de Radio Caracas Televisión analizó la realidad de Venezuela junto a empresarios uruguayos.

Comenzó su exposición compartiendo su alegría de encontrarse en nuestro país en donde dijo “me siento en otro mundo”. En ese sentido, indicó que le ha impactado el hecho de haber podido caminar por la calle sin sentir temor, por haber podido ingresar al Palacio Legislativo con el único requisito de presentar un documento a la entrada y de cruzarse con un grupo de manifestantes que protestaban frente a la sede de nuestro parlamento sin que hubiera ningún tipo de violencia. Comentó que este tipo de cosas son impensables hoy en día en Venezuela.

La disertación de Granier continuó con una mirada en clave retrospectiva al proceso político y económico de Venezuela, desde las primeras décadas del siglo pasado hasta llegar a la situación actual, que no dudó en calificar de “caos total”. Aseguró que una parte importante de las causas para este presente venezolano deben buscarse en el pasado. Según explicó, a principios del Siglo XX Venezuela era el país más pobre del continente, situación que comenzó a cambiar gracias al inicio de la explotación de petróleo en el país hacia 1910. A partir de ese momento, señaló Granier, Venezuela creció ininterrumpidamente durante los siguientes 50 años, a tasas que ningún otro país había alcanzado nunca. Para 1930, el país había pagado la totalidad de su deuda externa, y en 1960 Venezuela era un país que venía creciendo a tasas del 6 y 7 % anuales, dónde no había inflación, el tipo de cambio era completamente estable y entonces, atraídos por esa realidad, llegaban oleadas de inmigrantes italianos, españoles y portugueses, que comenzaron a instalar pequeñas y medianas industrias fundamentales para el creciente proceso de desarrollo del país.

Sin embargo, según explicó el empresario, hasta 1958, Venezuela prácticamente no conocía la democracia. Solo dos presidentes civiles habían gobernado el país, y recién en 1969 se produce por primera vez la alternancia de partidos en el poder. “El problema es que a partir de entonces todos los gobiernos venezolanos han sido profundamente estatistas y se han empeñado en estatizar todo lo que han podido”, subrayó Granier. En su visión, resulta muy cómodo para un gobernante disponer de muchos empleos en las empresas estatizadas, que luego se convierten en votos. “Así empiezan la demagogia y el populismo”, enfatizó. “Y como no se pueden crear veinte millones de empleos, a los que no les podemos dar un empleo vamos a darles una limosna”, concluyó refiriéndose a los planes de asistencia social. Para Granier, las consecuencias directas de este proceso estatizador, fueron el aumento de la corrupción y la ineficiencia en la gestión de los recursos del Estado, el crecimiento del endeudamiento del país y el deterioro general de la economía, incluso a pesar del aumento de los precios internacionales del petróleo. Y, finalmente, el descontento popular y el rechazo a los políticos tradicionales y a los dos grandes partidos que se habían alternado en el poder durante las últimas cuatro décadas del siglo XX, desembocó en la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999.

Granier sostuvo que el ascenso del chavismo no solo no mejoró la situación de Venezuela, sino que las cosas se pusieron aún peor. Chávez comenzó por asegurarse la lealtad de un grupo de integrantes del ejército, disponiendo ascensos a su antojo y colocando generales al frente de los principales ministerios del país y de PEDEVESA, la empresa petrolera estatal. Y como resultado, logró aún más ineficiencia y corrupción, y un deterioro cada vez mayor de la economía venezolana. Pero además, destacó como uno de los rasgos más evidentes del chavismo, la voluntad de perpetuarse en el poder, para lo cual reinstauró la reelección y persiguió sistemáticamente a todos aquellos que se opusieron a sus políticas, avasallando los fundamentos del sistema republicano. “Para que este tipo de gobiernos se mantengan en el poder, no puede haber libre información, no puede haber debate de ideas, no puede haber disidencia”, dijo Granier. “Y tampoco un poder judicial autónomo que investigue a los corruptos”, agregó.

El empresario venezolano, finalizó haciendo un repaso a los principales problemas que enfrenta el país caribeño en la actualidad: parálisis económica, falta de libertades políticas, desabastecimiento y niveles de inseguridad y violencia de los más altos del continente (los homicidios anuales pasaron de 4000 a 25000 entre 1998 y 2014, y solo un 2% han sido aclarados). Aseguró que la sociedad venezolana vive con miedo y desconfianza, y que la salida no será fácil. Sostuvo que se deberán seguir buscando alternativas por la vía democrática, pero no descartó la posibilidad de que todo termine en una especie de “implosión” al estilo de lo que ocurrió en la ex Unión Soviética.

Tras una ronda de preguntas de los asistentes, Granier aconsejó a aquellos empresarios uruguayos que piensen en hacer negocios con Venezuela, que se aseguren de cobrar por anticipado sus productos y concluyó diciendo “es un error que los empresarios no se metan en política, porque tarde o temprano la política se va a meter con los empresarios. Sobre todo ante la voracidad fiscal de los gobiernos de izquierda”.

 

 

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