“A fin de año cuando escucho los fuegos artificiales me acuerdo de la guerra”

Miriam Bek, junto a su hijo Miguel, presentan el libro Una voz para la memoria. Testimonio de una uruguaya que sobrevivió a once campos de concentración.

A sus 88 años, Miriam da testimonio de cómo logró sobrevivir al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerda los días del Holocausto, su viaje en tren de esclavos, sus largas caminatas, su lucha por vivir. Su increíble supervivencia en varios campos de concentración donde estuvo recluida, y de cómo siendo muy jovencita llegó al Uruguay para reconstruir su vida.

Miriam nació el 8 de mayo de 1927 en Haifa, Israel. Siendo muy pequeña su familia se muda a Clúj, ciudad del noroeste de Rumania.

Comienza su discurso recordando dónde estaba cuando estalló la Segunda Guerra Mundial: “El 1 de setiembre de 1939 estalló la guerra, nunca lo olvidaré, un jueves de noche estaba con una amiga en el cuarto de mi madre y escuchamos en la radio que estalló la guerra”.

En 1940 Hitler decretó que la mitad del norte de Transilvania fuera transferida a Hungría, en ese entonces Miriam tenía trece años. “Cuando se dividió Transilvania en dos: Hungría y Rumania, nosotros nos quedamos en Hungría, así que seguí hasta el año 1944 que terminé 5 to año de liceo” recuerda.

El 19 de abril de 1944 los alemanes invadieron Hungría. “Ahí empezó nuestra odisea. Vinieron casa por casa averiguando quiénes éramos. Nosotros nos fuimos a vivir al sanatorio. Teníamos que usar la estrella de 10cm por 10cm en toda la ropa, todos, desde los niños a los ancianos. Nos limitaban el horario de salida, yo estaba casi todo el día en la azotea, estuvimos en el sanatorio un mes. Recuerdo cómo cada semana llegaban los detectives en camiones para ver quién podía ir al gueto. En esa ciudad el gueto se encontraba dentro de la fábrica de ladrillos”.

Con 17 años fue tomada prisionera junto a su familia y fue en ese momento cuando iniciaron el viaje hasta llegar a Auschwitz: “nos hicieron subir a unos vagones de ganado, con tan solo una ventanita arriba y alambre de púa alrededor, subimos entre 150 y 200 personas, lo único que nos dieron fue un tacho de agua y otro para las necesidades. Allí nos dijeron que íbamos al sur, donde los viejos cuidarían a los niños y los que podían irían a trabajar. En determinado momento nos dimos cuenta que no íbamos al sur sino al norte. Cruzamos la frontera y de ahí en adelante viajamos 5 días en tren sin agua, sin nada, totalmente encerrados. En junio de 1944 llegamos a Auschwitz. Separaron hombres de mujeres. Nos dejaron en una letrina enorme sentados 5 días sin comida, sin siquiera agua”.

Cuando llegaron a Auschwitz Bek tenía 17 años pero aparentaba bastante menos. Si bien la consigna era que mayores de 35 y menores de 17 iban a la cámara de gas, Bek se salvó porque a ella y a un grupo de 20 chicas las mantuvieron en un galpón enderezando clavos.

Miguel (su hijo) menciona que su madre no recuerda en Auschwitz haber sentido olor ni haber visto humo: “cosa que yo no puedo explicar, posiblemente la memoria selectiva haya dicho yo esto no lo voy a recordar nunca más o quizás no lo sintió, no lo sé” reflexionó. También agrega que como estuvo en Auschwitz de paso, solo cinco días, no llegaron a tatuarla. Asegura que “Auschwitz no fue un campo de concentración, fue una red de campos: uno preparado para la cruz roja para que cuando fueran a inspeccionar se encontraran con que estaba todo lindo y trataban bien a los prisioneros. Otros eran centro de distribución logística, y otros campos de exterminio. Allí no solo mataron judíos, mataron testigos de jehová, masones, comunistas rusos y discapacitados que fueron sacados de los vagones como si fueran basura”.

Miriam recuerda que siempre decían los niños con los abuelos y separaban a los bebés de sus madres porque, cosa que no supieron hasta mucho tiempo después, los bebés, niños y abuelos iban directo a las cámaras de gas.

Pasados los cinco días en Auschwitz eligieron a los más jóvenes, y los llevaron a Letonia. En Letonia no estaba todavía habilitado el campo de trabajos forzados, dormían al aire libre en pleno invierno. “Aquella primera noche soñé que mataban a todo el mundo y yo, me hacía la muerta pero, me propuse que iba a vivir. Y, este sueño, de que iba a sobrevivir, me quedó presente todo el tiempo”.

Bek estuvo en diferentes campos de concentración: Rechlin, Ravensbrück, Oranienburg, Malchow, entre otros. Fue Oranienburg donde estuvo más tiempo, nueve meses.

El fin de la segunda guerra mundial se produjo el 2 de setiembre de 1945. Dos años después, Miriam llego a Uruguay. “Vine a esta ciudad, porque yo tenía primos y tíos acá. Nos trajo el esposo de mi prima, dueño en Montevideo de la recordada Peletería Holandesa”. Tenía entonces tan sólo 20 años de edad.

Hoy Miriam tiene 88 años, dos hijos, cinco nietos y dos bisnietos. Vive en Montevideo, en el barrio de Malvín. Habla siete idiomas. Practica yoga, natación, camina, lee mucho y pasa largas horas con su computadora, comunicándose con su hija que vive en Estados Unidos y sus amigas de Israel.