Premio Nobel a Piso 40

En un evento coorganizado junto a la Cámara de Comercio Uruguayo Israelí, Piso 40 contó con la destacada presencia del Premio Nobel de Química 2011, que expuso frente a un auditorio colmado.

Dan Shechtman nació en Tel Aviv, Israel, en 1941. Es profesor de ciencias de los materiales de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Estado de Iowa (Estados Unidos). En 1982 describió la fase icosaédrica, la cual abrió un nuevo campo para los cristales cuasiperiódicos. Ha sido galardonado con el Premio Nobel de Química, el Premio de la Sociedad Europea de Ciencia de los Materiales, el Premio Gregori Aminoff de la Real Academia de las Ciencias de Suecia, el Wolf en Física, el Weizmann en Ciencias, el Rothschild en Ingeniería, el Premio de la New England Academic a la Tecnología y el Premio Internacional de la American Physical Society para los nuevos materiales, entre otros. El pasado de 25 noviembre se presentó en Piso 40 con una disertación titulada Demografía, Emprendedurismo Tecnológico y el Futuro del Uruguay.

Shechtman comenzó su conferencia comparando las pirámides demográficas de Israel y Uruguay. Mostró claramente que mientras para Israel la base es la parte más ancha de la pirámide, lo que significa que los grupos etarios más jóvenes son los más numerosos, en Uruguay la base de la pirámide tiende a achicarse. Esto, en opinión de Shechtman, significa que en un futuro no habrá suficiente gente joven en edad de trabajar para financiar con sus aportes a la seguridad social el pago de las jubilaciones de los ya retirados.

A continuación el científico israelí se preguntó qué se puede hacer para corregir esta situación, e indicó dos caminos posibles. El primero, y más obvio, es la promoción de familias más numerosas. La tendencia en muchos países del mundo muestra que las mujeres tienen cada vez menos hijos y sostuvo que hay una serie de factores que explican este fenómeno: la creciente urbanización (es más difícil tener una familia numerosa en la ciudad), el acceso de las mujeres a la educación y al mercado de trabajo (que se traduce en menos tiempo disponible para la familia) y las políticas restrictivas de la natalidad que han adoptado países como China. Al respecto, planteó que una sociedad cuya tasa de hijos por familia sea menor a 2,1 no es viable en el mediano plazo (los que han estudiado el tema en nuestro país estiman que en los próximos 40 años estaremos por debajo de esa tasa), y que por tanto los gobiernos deben promover políticas que impulsen a las parejas a tener más hijos, brindando mejores condiciones para la maternidad y sistemas de educación de mejor calidad y al alcance de toda la población.

Sin embargo, Shechtman identificó una posible segunda solución como la forma más eficaz y sostenible para mitigar este problema de la viabilidad económica a mediano y largo plazo de las sociedades: el emprendedurismo tecnológico. Y brindó algunas razones que cimientan esta idea. En primer lugar, dijo, “hay algo que en el mundo todos los países saben. Que los recursos naturales se van a agotar. Entonces, el más importante de los recursos que tiene un país es el ingenio humano”. Pero el profesor aclaró que lo que comúnmente llamamos innovación, no es suficiente por sí misma. Innovación significa inventar algo en una universidad o un centro de investigación. Pero lo que realmente convierte a la innovación en un motor de la economía, en algo que se transforma en un producto que puede ser vendido en el mercado, es el emprendedurismo. “La innovación es fantástica, pero necesita del emprendedurismo para convertirse en producto y poder incidir en la economía”. Entonces, señaló, un gran número de startups (emprendimientos nuevos o emergentes) se traducirán en mayor producción de valor que harán crecer a la economía. Sobre lo que él llama emprendedurismo tecnológico dijo que es “el establecimiento de una nueva empresa (aventura) tecnológica. Tiene que ser nueva, tiene que estar relacionada con la tecnología y tiene que tener riesgo: algunos ganan, muchos pierden”, aseguró.

“Si observamos el mundo actual veremos que no hay guerras entre países. Las guerras de hoy en día son conflictos internos. No hay guerras entre estados, hay guerras entre tribus. Y hay algo que tienen en común todas estas tribus combatientes: la pobreza de sus integrantes. Son poblaciones pobres, con pocas oportunidades, luchando por obtener recursos”, sostuvo Shechtman. Entonces “si los niveles de vida de esa gente mejoran, si son menos pobres y están menos descontentos, serán también más pacíficos. Y para ello es necesario desarrollar el ingenio humano”, remató. Enumeró las condiciones que deben existir a tal fin. Primero, educación básica de calidad para todos. En segundo lugar, buena formación en ciencias e ingeniería, porque es claro que son los ingenieros, los científicos y los expertos en computación los más proclives a generar nuevos emprendimientos tecnológicos. También se necesita apoyo gubernamental que fomente el emprendedurismo tecnológico, así como economías de libre mercado con menos barreras para el comercio y el intercambio de bienes y servicios. “La gente que comercia es gente pacífica. Gente que quiere comprar y vender, que quiere producir”, dijo. Por último, señaló que la corrupción es un freno para el surgimiento de nuevos emprendimientos, debido a que usualmente los funcionarios corruptos intentan conseguir algún tipo de beneficio económico, a cambio de no entorpecer los trámites necesarios para la formación de una nueva empresa.

Pero también indicó que es importante que se fomente el espíritu y se difunda el conocimiento relacionado con el emprendedurismo. Se mostró en desacuerdo con aquellos que sostienen que “emprendedor se nace” y aseguró que el emprendedurismo puede ser enseñado en universidades y otras instituciones educativas. Y puso como ejemplo el curso sobre emprendedurismo tecnológico que él mismo ha dirigido durante los últimos 27 años en la Universidad Technion de la ciudad de Haifa. Contó que es un curso abierto a todos los estudiantes de la universidad y que busca dotarlos de herramientas técnicas y a la vez motivarlos para que emprendan sus propios negocios de alta tecnología. Y dijo que en ese sentido el aporte de emprendedores exitosos es muy valioso para que los estudiantes se sientan identificados y se convenzan de que es posible seguir esos ejemplos. Los invitados suelen contar sus experiencias, relatar las dificultades que debieron atravesar y pueden aconsejar sobre algunos puntos clave a la hora de llevar adelante una startup: la búsqueda de financiamiento, el acceso a los clientes y la cultura que debe tener una empresa. Sobre este último aspecto concluyó: “la motivación más importante debe ser el emprendimiento en sí mismo y no el dinero. El dinero es solo la consecuencia de un negocio exitoso”.

Ya en el final, el Premio Nobel de Química 2011, detalló cuáles son los errores más comunes que se cometen a la hora de iniciar un emprendimiento: gerenciamiento no profesional de las empresas, estudios de mercado insuficientes y por ende falta de conocimiento del mercado al que se apunta, asociación con amigos en lugar de con profesionales, exceso de ego en el emprendedor que lo lleva a no buscar los asesoramientos necesarios, problemas contractuales entre los socios y, en especial, el miedo al fracaso. Sus últimos dos consejos fueron muy sugerentes: “no pidan prestado a amigos o familiares y a menos que tengan los bolsillos muy profundos, no inviertan su propio dinero”.